Historia Restaurante La Regadera by Mikel Fiestras

Ya lo dijo cuando su anterior restaurante, La Huerta, cerró sus puertas definitivamente: “No hay tiempo para el relajo, tengo un proyecto entre manos lleno de ilusión, cariño y sonrisas del que me apetece terriblemente que disfrutéis ya”. Y Mikel Fiestras no tardó en abrir, en el mismo sitio, un nuevo comedor llamado La Regadera. La cocina tradicional trufada de elementos vanguardistas, pero siempre con el producto de temporada como bandera, es la enseña del flamante espacio gastronómico que Mikel lleva apoyado por su mujer, Maite Villegas.

El rincón también apuesta por los desayunos, y desde primera hora recibe visitantes dispuestos a alimentarse con fundamento. Además, los fieles tienen premio y el décimo desayuno es gratis. El picoteo y las raciones son las grandes protagonistas de su ‘primera parte’, reservando la sala del fondo como comedor oficial, aunque también sin grandes protocolos. El pescado y los arroces siguen siendo las especialidades de la casa, aunque ahora vienen complementadas con otras delicias que seducen los paladares más exigentes.

El compromiso del chef vitoriano con su oficio es tan intenso que la cocina forma parte de su vida y salpica sus recetas con grandes dosis de imaginación. Su creatividad le lleva a no dejar nunca de inventar, experimentar y divertirse entre fogones, pasión que transmite a su equipo. Y así surgen propuestas como el tataki de atún, el tartar de salmón, los carabineros con guacamole y pico de gallo, el rulo de manitas o el cochinillo confitado, entre muchas otras.

Chaquetillas dedicadas por famosos colegas como Chicote, Subijana, Arguiñano, Adriá, Berasategui o Joan Roca, entre otros, decoran el pasillo que comunica la barra con el restaurante, y al fondo, el gran tesoro del lugar: una terraza interior que sirve también de comedor si el tiempo acompaña. Es como un oasis entre muros que sorprende al cliente que lo descubre y tiene encandilado a quienes ya saben de su existencia. Pero si algo se valora en La Regadera es el trato al visitante. Si el mimo al producto es importante a la hora de cocinar, al comensal hay que tratarlo con naturalidad y simpatía, para que se sienta como en casa y esa atmósfera ayude a que la comida sepa aún mejor. Y Mikel y su gente lo consiguen con una cuidada atención salpicada con bromas y buen humor que rompen el hielo desde el primer instante. Y es que hasta los amigos inspiran, y si no prueben el taco de Patricio, la ensalada Mirentxu o el burrito de Lawrence, por ejemplo.

Más de uno le ha dicho ya al dueño a ver si el nombre del local define su estado mental, “porque tú estás como una regadera”, bromean con Fiestras muchos de sus clientes. El clima de armonía que logra generar el chef es uno de los principales alicientes del lugar, junto a sus recetas, siempre sabrosas y prestando atención al producto de temporada. Disponen de un menú del día (15 euros, en barra, 16, en terraza y 19, en comedor) en el que aparecen sugerencias como la ensalada de bonito con pimientos, el revuelto de espinacas y gambas, la pasta marinera, las alcachofas fritas, las patatas con chorizo, la sepia a la plancha, la chuleta de cerdo, el panaché de verduras, las carrilleras al vino tinto, el entrecotte o la merluza a la plancha, por ejemplo. Siempre hay varios primeros y otros tantos segundos para que todos tengan donde elegir y se queden a gusto. Y platos de cuchara, y ensaladas, y pasta, y verduras… Hasta gozan de un menu de cocido completo, con su potaje, sopa de pescado, garbanzos con berza, costilla y choricillo fresco, zancarrón y gallina con piperrada… Para buenos comedores, claro.

El Chef

Mikel Fiestras tiene claro que lo suyo es vocación. Mientras estudiaba de lunes a viernes en la Escuela de Cocina de Oñate, practicaba los fines de semana en El Portalón de Vitoria. Luego se sacó el Máster de Gastronomía Europea en la Escuela Aiala de Arguiñano, en Zarautz, y realizó prácticas durante siete meses en su restaurante. Nada más terminar, Josemi Cortázar le contrató para trabajar en La Huerta. Aquello fue en 1999. Cuatro años después, se hacía con el restaurante junto a su socia, Sofía Casado. Y más de una década después, ya en solitario, inventa La Regadera en el mismo lugar.

El Comedor

Tiene capacidad para 60 personas. De estilo moderno, muy luminoso y cómodo para el comensal. De algunas de sus paredes cuelgan óleos de José Antonio Fiestras, padre de Mikel y pintor profesional. Y entrando, a la derecha, una gran cava con paredes transparentes. Restaurante La Regadera dispone de una carta con más de cien referencias en vino de Rioja, Ribera del Duero, Somontano, blancos de Rueda y Albariños, cavas catalanes y champagne, además de tintos australianos y argentinos, entre otros.

Al comedor se accede por un estrecho pasillo del que cuelgan chaquetillas de cocinero de Mikel firmadas por algunos de los chefs más prestigiosos del planeta, como el número uno del mundo, René Redzepi, o Joan Roca, Pedro Subijana, Quique Dacosta, Martín Berasategi, Iñaki Rodaballo… o los fallecidos Santi Santamaría y José Ramón Berriozabal, gran amigo de la familia de La Regadera.

Frente a estos cuadros, un gran ventanal nos descubre el agitado mundo de la cocina. Desde él podemos observar cómo se limpia el pescado, se trabaja en la plancha o se adornan las ensaladas de manos de Mikel y su equipo: “Llevamos haciendo show cooking toda la vida y no nos habíamos dado cuenta”, dice riendo Fiestras.

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